Ahorra en el Supermercado

Lunes, 15 Septiembre   

El estrés laboral, los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo favorecido por la tecnificación del trabajo forman una combinación explosiva para el aparato digestivo y el peso corporal. El resultado son: mala digestión, obesidad y un peor rendimiento.

Por eso, una nueva estrategia propone ordenar las comidas no sólo en casa sino también en la oficina o en donde sea el lugar de trabajo. Y no se trata sólo de trasladar comidas saludables del ámbito privado al público, sino de estar preparado para que cualquier adversidad de la agenda laboral no lleve indefectiblemente a consumir más calorías.

Investiga el vecindario y elige el restaurante más saludable. Hoy en día las opciones sobran y recuerda que siempre es preferible un lugar que ofrezca una variedad de platos que pueden ser aptos para tu plan de alimentación, así como los restaurantes que tengan en sus menúes platillos

bajos en grasa. Acércate a aquellos lugares flexibles, en donde el mozo no te mirará espantado si le pides que cambie un acompañamiento de papas fritas por otro de ensalada César.

Compensa las calorías del día. La información es clave en este proceso. Para que la dieta sea equilibrada no tiene que serlo todas y cada una de las comidas, sino el total de las realizadas a lo largo del día. Por eso, si un día debes enfrentarte a un almuerzo de trabajo “calórico”, no dudes en cenar suave, una ensalada de tomates y lechuga y un pescado a la plancha suele ser una alternativa que te hará lograr un sueño más liviano.

Elige platos que se digieran bien. Para poder proseguir con normalidad con la jornada laboral después de la comida, hay que optar por alimentos que favorezcan la digestión y eviten la “pesadez estomacal”. Para ello hay que reducir el consumo de grasas y aumentar la ingestión de frutas y verduras, así como de productos lácteos.


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